Victoria democrática en la OEA

Aunque se esperaba la reelección del diplomático y político democrático uruguayo Luis Almagro, para un segundo período como secretario general de la OEA, este hecho ha sido un gran triunfo de la causa de la libertad y la lucha por la democracia en América Latina y el Caribe, particularmente en Nicaragua, Venezuela y Cuba, donde imperan férreas dictaduras.

La rival de Almagro en la elección que tuvo lugar este viernes 20 de marzo en la sede de la OEA, en Washington, era la diplomática izquierdista ecuatoriana María Fernanda Espinoza, amiga declarada y defensora confesa de las dictaduras bolivarianas. Pero ella ni siquiera fue apoyada por el gobierno de su propio país y obtuvo solo diez votos, de los 33 que fueron depositados. Los otros 23 votaron por Almagro, dando así un espaldarazo a los esfuerzos que ha venido impulsando la Secretaría General de la OEA para que la democracia vuelva a prevalecer en los países del Hemisferio Occidental que todavía sufren dictaduras.

Ante la inminencia de su derrota, los cancilleres de los países amigos de las dictaduras trataron de que la elección fuera pospuesta, alegando la emergencia sanitaria internacional por el coronavirus. Tal vez pensaban que posponiendo la elección podrían recoger más votos, o encontrar otro candidato para dividir el bloque democrático e impedir que Almagro siguiera ejecutando la política contra las dictaduras de la Secretaría General de la OEA. Pero no consiguieron su propósito.

Los gobiernos que alcahuetean y defienden a las dictaduras, se justifican invocando el derecho a la autodeterminación de las naciones. Pero lo entienden como “derecho” de los dictadores como Daniel Ortega en Nicaragua, y Nicolás Maduro en Venezuela, de ignorar las normas de la democracia y violar despiadadamente los derechos humanos, inclusive cometiendo crímenes de lesa humanidad como ocurrió en 2018 en Nicaragua, según confirmaron y denunciaron los organismos de derechos humanos de la OEA. La verdadera autodeterminación nacional es de los pueblos, su derecho a vivir en libertad y gobernarse en democracia, tal como lo establece clara y categóricamente la Carta Democrática Interamericana de la misma OEA, la cual no se debe permitir que la atropellen los dictadores que aun quedan en América Latina y el Caribe.

Ningún gobierno que no respete la Carta Democrática debería tener derecho a ser miembro de la OEA, a ampararse en su legitimidad y disfrutar los beneficios que reporta su membresía. Al parecer esto lo entiende Luis Almagro y es por eso que los amigos y los alcahuetes de las dictaduras se opusieron tenazmente a su reelección.

Por supuesto que la reelección de Almagro, por sí sola no cambiará la situación de Nicaragua. Pero si el Secretario General continúa aplicando la política que ha venido siguiendo hasta ahora con Nicaragua, la lucha democrática del pueblo nicaragüense seguirá teniendo en la OEA un buen aliado. Y mejor si Almagro se va a coordinar con Carlos Trujillo, el próximo subsecretario de Estado de los Estados Unidos para el Hemisferio Occidental.

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