“¿Volveremos a los 90, cuando pollos y puercos convivían con la gente en sus apartamentos?”

cuba colas santiago de cuba hambre alimentos escasez covid-19 coronavirus colaCola para comprar alimentos, escena cotidiana en Cuba (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – Si algo hemos aprendido muy bien los cubanos en estos años de dictadura comunista es a reconocer cómo “nuestros dirigentes” utilizan las palabras adecuadas para manipular a las masas e inclinar a la opinión pública a favor de sus intereses, así como crear falsas expectativas, método que en estos tiempos de COVID-19 y de hambruna está más presente que nunca. Sobre esa técnica de mentiras y promesas incumplidas hace años un amigo decía jocosamente: “Nos dan zanahorias, como al mulo”.

Un ejemplo de ese proceder lo observamos en el programa televisivo Mesa Redonda del 17 de junio, cuando comparecieron representantes de distintos sectores de la economía para explicar las nuevas tareas implementadas de cara a la etapa de recuperación post COVID-19. Entre ellos, la ministra del Comercio Interior de Cuba, Betsy Díaz Velázquez, al referirse a las medidas indicadas a los establecimientos que brindan servicios gastronómicos a la población, enumeró las mismas que implantaron hace algún tiempo para el racionamiento –que apenas ellos cumplen–, con unas pocas añadiduras para la etapa post COVID-19.

Esas formas ambiguas de informar refuerzan la incertidumbre y el desconcierto en la población, ya angustiada por la presente y futura falta de alimentos, más las horas y días haciendo colas para comprar una mísera ración de pollo o embutidos que apenas alcanza para una o pocas comidas, además del acoso de la Policía, que se hace sentir a fuerza de incesante represión: la semana pasada, mientras Ana María esperaba en una cola en Porvenir y Tejar para comprar sal, decidió avisarle a una amiga que también necesitaba. Mientras marcaba el número de esta, sintió una voz autoritaria a sus espaldas que la increpaba: “¡Estás retratando, ¿no?!”, al tiempo que le clavaba los dedos en el hombro, e incluso trató de quitarle el teléfono. Cuando la señora le ripostó enérgica que eso no era cierto, la militar tergiversó la situación y la acusó de faltarle el respeto. Solo gracias a la intervención de los presentes en defensa de la mujer todo se resolvió.

La prensa, por su parte, hace propaganda de la atención a las personas más vulnerables y a los ancianos que viven solos. Quien vea los casos aislados que presentan creerá que nadie ha quedado desamparado y que se hace una distribución equitativa de los recursos. No obstante, la realidad es muy distinta. Al parecer la ministra desconoce que hay una cantidad nada despreciable de ancianos sin familia que no reciben esa atención gubernamental.

A pesar de todas las veces que vimos por el noticiero de la televisión envasar las exiguas viandas para distribuir a la población (la venta regulada o controlada de viandas y hortalizas a los adultos mayores en sus casas o barrios), ese tan anunciado módulo –una jabita con unos plátanos burros y dos berenjenas casi podridos– no llegó a todos los núcleos. Otra gran mentira es el plan de “mantener” la venta regulada o controlada de viandas y hortalizas en la red de mercados y puntos de venta estatales, cuando hace mucho tiempo esos establecimientos no tienen productos para ofertar a la población.

Pero en Cuba no a todos les ha ido mal durante esta crisis. Hace poco me encontraba en la tienda de Porvenir y Font cuando un señor le preguntó a la dependienta por leche para su nieto. Otro, que lo escuchaba, comentó que en estos días les habían vendido tres libras de leche y diez de arroz a los policías de Guanabacoa. En realidad, como nada permanece oculto para siempre, de esa clase de comentarios sobre cómo el gobierno favorece a sus acólitos se escuchan muchos y variados.

Al mismo tiempo se le crea a la población falsas expectativas echando a correr rumores de ofertas de módulos, pues, aunque en contadas ocasiones han sacado algunos, aún son insuficientes, por lo que se forman colas tumultuarias en las que muchos no alcanzan. También ocurre que dichos módulos contienen artículos “convoyados” (es decir, de compra obligatoria) que no son aceptados con agrado porque no tienen utilidad).

“He recorrido los agros, pero no encontré nada, en los mercados de oferta y demanda hay algo de viandas pero muy caras. Así no hay salario que resista”, me dice una amiga al tiempo que me pregunta si ha venido algo a la carnicería.

Me decía Ernesto, un vecino: “Nos recuperaremos gradualmente de la pandemia, pero la escasez no da señales de retroceder. Fíjate que ahora los CDR y algunos dirigentes andan pidiendo a la población que aproveche cuantos espacios tenga para sembrar en sus casas. Incluso nos han autorizado a criar animales para la alimentación de la familia. ¿Será que volveremos a los años 90, cuando los pollos y los puercos convivían con la gente en los apartamentos?”.

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